Una silueta con pequeñas diferencias

La vasija lunar coreana, dalhangari, tiene cuello corto y cuerpo abultado, sin decoración pintada. Parece fácil describirla hasta que comparamos sus lados: un hombro puede ser más lleno y el otro bajar con mayor suavidad. Llamarlo enseguida defecto, o expresión de una supuesta serenidad coreana, evita la pregunta más concreta: ¿cómo llegó a tener esa forma?

La Academia de Estudios Coreanos sitúa la aparición y popularidad de estas vasijas del Joseon tardío a finales del siglo XVII y durante el XVIII. El Museo Nacional de Corea fecha ese nombre en los años cincuenta. Siglos separan el recipiente de su nombre actual. El Met describe su pasado utilitario como daeho y su nueva valoración en el siglo XX. Fabricación y encuentro en una exposición actual constituyen momentos diferentes de la vida del objeto.

Unir dos mitades en una pared

Las vasijas grandes se tornean en dos partes, superior e inferior, que se unen cerca de la zona más ancha. Una incorpora el fondo y la curva baja; la otra, el hombro y la abertura. Al encontrarse sus bordes amplios, dos cavidades forman un interior común. Dividir la altura evita levantar toda la pared alta de una vez. La cintura reúne los volúmenes y transmite el peso de la parte superior.

Igualar diámetros no termina el trabajo. Si un borde se abre más, las superficies de contacto no coinciden uniformemente. La parte inferior debe conservar su forma bajo el peso y la unión convertirse en una pared continua. Diámetro, estado de la pared y alineación forman un mismo problema. La curva lisa del resultado cruza el encuentro de dos recipientes antes separados.

Después vienen secado y cocción. Disminuye la humedad y el calor transforma el cuerpo y el vidriado. El Museo Nacional de Corea señala grietas y deformaciones en las uniones. Sostener una pared grande y atravesar estos cambios son tareas relacionadas. Un círculo regular en el torno no garantiza la simetría del volumen cocido.

Vasija lunar, época Joseon, segunda mitad del siglo XVIII. Colección del Metropolitan Museum of Art.
Vasija lunar, época Joseon, segunda mitad del siglo XVIII. Colección del Metropolitan Museum of Art.The Metropolitan Museum of Art · CC0 · Tamaño ajustado y conversión a WebP

Redondo no significa una medida fija

La pieza 1979.413.1 del Met, fechada en la segunda mitad del siglo XVIII, mide 38,7 centímetros de altura y 33 de diámetro. Su nombre no la convierte en una esfera matemática. Un ejemplo no define las proporciones de todas las piezas, pero muestra que la evocación de la luna no constituye una norma geométrica.

El borde y el pie también cuentan. Si una fotografía los recorta, el cuerpo puede parecer una escultura abstracta. Al incluirlos, vuelve a ser un recipiente que debe mantenerse en pie y permitir el acceso a su interior. La belleza del volumen no está completamente separada de esas necesidades. La pequeña abertura y la base forman parte de la figura, no son detalles ajenos a ella.

Dividir la altura por el diámetro del cuerpo da aproximadamente 1,17: la altura total supera el ancho máximo en torno a un diecisiete por ciento. Incluye borde y pie, por lo que es una relación de dimensiones generales, no una fórmula de la sección del cuerpo. La diferencia entre una pelota imaginada y un recipiente de pie resulta medible. El cuerpo se ensancha, se estrecha y llega a extremos de distintas anchuras.

El blanco reúne cuerpo y vidriado

La blancura presenta juntos el cuerpo cerámico y el vidriado que lo cubre. Sin un campo pintado, destacan la luz sobre el cuerpo, la sombra del hombro y la oscuridad interior de la abertura. El vidriado refleja la luz; la reflexión cambia de lugar con la orientación de la superficie curva. A diferencia de una mancha blanca sobre papel plano, aquí intervienen simultáneamente volumen y superficie.

El exterior brillante y la parte que toca el apoyo cumplen funciones distintas. Descender hacia el pie devuelve una esfera aparentemente flotante a un recipiente que se mantiene de pie. El Met registra una boca de 14 centímetros y un pie de 12,4 centímetros de diámetro para 1979.413.1, frente a 33 del cuerpo. Dos extremos relativamente pequeños permiten acceder al gran interior y sostenerlo. Crear los tonos visibles y hacer que ese volumen se mantenga son trabajo sobre el mismo objeto.

Una creadora actual vuelve a enfrentarse al horno

Park Young Sook contó que solo una de cada diez vasijas alcanzaba una forma satisfactoria.

Su experiencia muestra la distancia entre una superficie terminada tranquila y las decisiones de fabricación. Unir los volúmenes va seguido del tiempo de secado, cocción y examen del resultado. La forma definitiva aparece después del horno: no se reproduce sin cambios un diseño acabado en el torno. La creadora decide además qué objetos conserva como obras. Una vasija expuesta es un resultado elegido, no la totalidad de lo producido.

Conocer esa selección cambia mi manera de entender la asimetría. Explicarla por falta de destreza o suponer que toda forma alterada es bella simplifica el trabajo. Se unen dos volúmenes, pasan por el fuego y después vuelven a elegirse. El esfuerzo que hace mantenerse un gran interior blanco no disminuye por carecer de motivos pintados.

Vasija lunar del siglo XVIII en el British Museum. Fotografía: Ismoon.
Vasija lunar del siglo XVIII en el British Museum. Fotografía: Ismoon.Ismoon · CC BY-SA 4.0 · Tamaño ajustado y conversión a WebP

Un recipiente se convierte en veinticinco imágenes

25 Wishes de Ik-joong Kang reunía veinticinco imágenes de vasijas lunares en la exposición del Met de 2009–2010.

Un objeto real y sus imágenes repetidas encuentran la mirada de modo diferente. Al seguir el cuerpo, el ojo recorre una curva; moverse lateralmente revela otra. Las imágenes contiguas permiten comparar contornos y colores en campos delimitados y pasar después de una a otra. Fabricar un recipiente y ordenar sus imágenes son trabajos distintos, pero ambos deciden cómo presentar un volumen redondo.

La repetición no vuelve vacía la vasija blanca sin adornos. Hace reaparecer una forma conocida y destaca pequeñas diferencias. Situar un recipiente antiguo en una obra actual va más allá de copiar su silueta. La decisión de poner algo de pie en el espacio se conecta con colocar su imagen en un campo. El hanbok como forma y práctica relaciona igualmente el ensamblaje de prendas con las situaciones actuales de uso.

Extremos pequeños para un cuerpo grande

En la fotografía del Met, el contorno se estrecha bajo la zona más ancha. El cuello corto conduce también a una abertura mucho menor que el hombro. La pieza de 38,7 centímetros de alto forma su volumen entre una boca y un pie reducidos. El contacto con el apoyo y la expansión del cuerpo ocurren en lugares distintos. Seguir su transición revela una construcción que se mantiene de pie, no solamente un círculo.

La fotografía de otra vasija del siglo XVIII expuesta en el British Museum conecta hombros y lados con proporciones diferentes. Son dos objetos, no uno con distintas iluminaciones. Juntos muestran diferencias concretas dentro de un mismo nombre. Mantener borde, hombros, cintura y pie en la imagen conserva más relaciones que recortar solo el cuerpo redondo. Como suelo y techo de una vivienda coreana rodean un espacio, este volumen tiene una parte que sostiene y otra que abre.

Decisiones detrás de una curva tranquila

La vasija conserva el lugar donde se encontraron partes torneadas por separado y la curva que quedó tras la cocción. Mantener un gran hueco entre extremos pequeños implica más condiciones que dibujar un círculo. Los volúmenes se unen, se secan y se cuecen; quien fabrica encuentra el resultado. Hoy vemos los recipientes conservados y las imágenes producidas más tarde.

Busco su atractivo en decisiones conectadas, más que en la sola palabra imperfección: dividir para conseguir tamaño, unir en una pared, elegir un resultado del horno y colocarlo de nuevo en fotografías y exposiciones. El gran cuerpo blanco es un resultado inmóvil; su fabricación y su llegada a la mirada no lo fueron. Los lados ligeramente distintos pueden entenderse como una forma concreta hecha por manos, materia y miradas posteriores, en lugar de decoración o etiqueta de fracaso.

LA PIEZA DE REFERENCIA

La curva conserva unión, secado, cocción y selección del recipiente acabado. Los objetos y las imágenes expuestas presentan esas decisiones de maneras distintas.

Fuentes y alcance

Vasijas lunares de porcelana Joseon ↗La vasija lunar del Met, objeto 1979.413.1 ↗La experiencia de fabricación de Park Young Sook ↗2014-05-17–2015-02-22La exposición del Met sobre la vasija lunar ↗2009-11-18–2010-05-16La unión de las dos partes de la vasija blanca ↗2023-03-24Historia y unión de las vasijas del Joseon tardío ↗2023-11-16

Vasija lunar de porcelana blanca. Fotografía facilitada por el Museo Nacional de Corea.

National Museum of Korea · KOGL Type 1 · Tamaño ajustado y conversión a WebP